19 oct 2012

He querido aprender de ti.


"He querido aprender de ti a cada segundo. Y lo he conseguido. He vivido dos años a tu lado. Dos años llenos de aventuras, dos años llenos de historias que contaré a mis nietos cuando Internet se haya quedado atrás. Dos años que, aunque muchas veces lo diga, no cambiaría por nada del mundo."
Todo empieza como un juego. Todo empieza como una tontería, como todo en esta vida. Con catorce años te planteas la vida como un juego, venga lo que venga. Te planteas jugar y jugar. Probar esto y lo otro, en ocasiones antes de tiempo. Pero al fin y al cabo, quieres conocer. Y conoces, y no te dejas nada. Esto, para arriba, esto, para abajo. Y necesitas parar, porque aceleras demasiado, demasiado rápido. Pero no puedes. Conoces gente, y sigues probando, cada vez más cosas. Y entonces pruebas lo prohibido, lo que nadie debería probar nunca. El amor. Pruebas que es eso de las mariposas en el estómago, pruebas eso de quedarte toda la noche llorando, pruebas lo que es sentir amor, lo que es amar, que te amen, y lo que es también el desamor. Pruebas lo que es querer, y que te quieran. Apreciar y que te aprecien. Solo pruebas. Pero una vez que has probado, existen riesgos. El riesgo de engancharse. Y cuando engancharse es la única salida, solo viene una pregunta: ¿porqué? a la que solo sigue una respuesta: ¿y porqué no?. Y avanzas. Sigues. Te enamoras. Hablas, ríes, no puedes evitar pensar en esa persona que ha montado un zoo en tu interior. Nada importa ya, solo importa él, o ella. Solo importa pasar ratos juntos, aunque sean minúsculos. Aunque sea un "te echaré de menos" antes de salir de fiesta, aunque sea un mensaje a la vuelta hablando sobre churros... O cualquier otra gilipollez. En esos momentos cuenta cada detalle, cada segundo, cada sentimiento. ¿Porque sentimientos? Porque no sólo está el amor. Se te atropellan todos los sentimientos
de golpe. El cariño que demuestras, el odio cuando algo sale mal, la ira cuando te hacen daño, la calma cuando vuelven las cosas a su sitio. El miedo. Todos esos sentimientos van de la mano con el amor. O al menos en mi humilde opinión. No puedo decir que sea una experta en ese tema, porque con mis dieciseis años estoy segura de que no lo soy, y que aun me queda mucho que aprender. Quien sabe si me quedan aún oportunidades de enamorarme, o si quizás la definitiva ya ha llegado aunque luchemos contra ella. Eso sólo lo puede saber el destino. Pero lo que sí sé es que el presente que estoy viviendo es intenso. Tan intenso que da miedo, que sorprende a cada segundo. Sorprende cada noche, y cada mañana. Asusta. ¿Y qué? ¿Acaso un susto nos hace parar y retroceder? Del amor he aprendido a esperar, a ser paciente y sobre todo a luchar. Porque cuando algo llega, es por que tenia que llegar. Más tarde o más temprano. Pero todo llega, y todo pasa. Las malas rachas pasan, y llegan las alegrías.
Sin embargo, si nos rendimos, si tiramos la toalla, si no seguimos ahí, al pie del cañón, venga lo que venga, "contra viento y marea"... ¿Entonces qué? Perdemos oportunidades, dejamos pasar cosas que quizás puedan cambiar nuestras vidas. Perdemos segundos de alegría, o quizas de tristezas que nos harán despues las personas más felices del mundo. Y por eso yo, no me rindo nunca. Porque he aprendido a esperar, a esperarte, a esperarle o esperarla. A esperar que llegue lo que tenga que llegar, y llegue como yo quiero que llegue. Porque para algo es mi vida, y yo, en su mayor parte, puedo controlarla.
Con esto, ni yo misma sé lo que quiero decir. Quien debería leer esto no estoy segura de que lo lea, pero ya sabeis, "Quien no arriesga, no gana" y en eso se basa mi vida desde hace exactamente 25 meses, 22 días, 20 horas, 54 minutos y 30 segundos. Aquí sigo, esperandote.

No hay comentarios:

Publicar un comentario